instituto de matemáticas universidad de sevilla
Antonio de Castro Brzezicki
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Cuando la música era ciencia
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Tendemos a pensar en las palabras ciencia o arte como categorías claramente diferenciadas y  constantes a lo largo de la historia. Creemos que lo que cambian son los objetos que contienen (que el arte gótico es distinto del barroco, por ejemplo). Pero no se trata sólo de esto: los mismos conceptos, arte y ciencia, han cambiado fundamentalmente de significado, llegando a aunar actividades creativas que hoy consideramos claramente diferenciadas.
Tal es el caso de la música. En la antigüedad, la mousike tendía a clasificarse dentro de las siete artes liberales (frente a las artes prácticas como la pintura, la escultura o la medicina) y, dentro de las artes liberales, se la agrupaba con otras que hoy consideraríamos claramente ciencias: la astronomía, la aritmética y la geometría. Estas tres disciplinas, junto con la música, formaban el “quadrivium”, una parte fundamental en la educación de los hombres libres.
Esto podría parecer un capricho conceptual si no fuese porque la cultura griega, de hecho, dotó de una base teórica con pretensiones científicas a la música occidental. Esta base teórica se conservó y estudió durante la Edad Media y marcó en gran medida la evolución de la música europea, que durante tantos siglos fue considerada una actividad mucho más teórica, numérica, que “inspirada”. La armonía occidental hunde sus raíces en nociones de acústica, esto es, física y por tanto matemáticas, que ya fueron intuidas en tiempos de los griegos.
Por otra parte, el quadrivium estuvo muy presente en la educación de las élites durante toda la Edad Media. Esto significa que todos los pensadores y científicos europeos hasta la modernidad estudiaron conjuntamente las matemáticas junto con la astronomía y la música. Sólo así es posible entender el interés de científicos como Kepler por la “música de las esferas”. O la idea de la armonía que podía tener Galileo Galilei. O el hecho de que Nicolás de Oresme llamase así a la “serie armónica” (una palabra tan musical). Euler, Newton, Planck… la lista de matemúsicos o musifísicos es sorprendentemente extensa.  
Los motivos son primeramente históricos, pero no por ello arbitrarios. A fin de cuentas, la música es sonido. El sonido es física. Y la física… matemáticas más o menos difusas. 

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